Crítica: Los ojos de Julia

CartelGuillém Morales en “Los ojos de Julia”, nos adentra en una historia de miedos humanos, a la oscuridad de los ojos, a la oscuridad interior, y al oscuro sentir de que alguien invada tu espacio privado, suspense e intrigas con instantes de terror sangriento y algún pasaje metafórico. El guion, del mismo  Guillém Morales y Oriol Angulo, da pie a su argumento y con él  entramos en la vida de Julia (Belén Rueda) a  la que apresa la noticia de la sorprendente muerte de su hermana, Sara (Belén Rueda, también), todo parece coincidir  en que se trata de un suicidio pero Julia impresionada por la desgracia y desconfiada por intuición, no puede aceptar los consejos de su marido  Isaac (Lluís Homar) y empieza a seguir la pista a vecinos, amigos y sitios en los que se desenvolvía su hermana Sara. Julia llevaba un tiempo separada de su hermana, ya casi seis meses sin verla, y cree que se ha perdido algo de ella, algo que se le escapa de las manos, algo tremendamente fuerte, recela de todo el mundo, sabe con certeza, que algo extraño se oculta tras su muerte.

En el análisis, “Los ojos de Julia”, es una película de Guillém Morales cargada de tensión y sustos, enchufando algún asentamiento al estilo de Hitchcock, pero imprimiendo el sello personal, a veces se nota un cierto envaramiento en el guion cuando se trata de resolver algunos difíciles procesos psicológicos que se nos dieron como pistas, con situaciones poco creíbles y giros y recursos demasiado repetidos. Al margen de esta limitación, el director, actuando con reglas propias, traza una línea efectiva logrando la forma de causar miedo, los climas opresivos y  la escenografía en todas las piezas, empezando por los opacos y umbrosos ambientes de la distintos escenarios, en los que aparece un senda de desconfianza, de pugnas negras y espeluznantes, que en el caso concreto de “Los ojos de Julia” son adecuadas y muy concretas para ayudar a dar vuelo, y configurar el pánico psicológico prometido.

Las situaciones y la intriga se centran en un solo punto, el objetivo de Julia, perseguir lo que solo ella alimenta: actos simples pero extremos, una sombra, un ruido, una luz, el plano de una cara de terror, una frase acostumbrada y prudente, en cualquier cosa, porque el signo, lo básico de esta película, su toque mágico, es su misterio y su alma, Belén Rueda. Esa confianza en la escena, esa desenvoltura, esa Julia tan bien interpretada, impresionante y magnífica su cara cuando el marido le va a decir que su hermana ha muerto.

Belén Rueda es eficaz cualquiera que sea el personaje tratado, en “Los ojos de Julia”, su pareja Lluís Homar (Pájaros de papel) consolida su valor como actor metiéndose en la piel de un marido un poco atípico, gran trabajo de Pablo Derqui que repite con Guillém Morales, ya trabajaron juntos en “El Habitante Incierto”, su primer largo, y Julia Gutiérrez Cava a la que ya vemos poco en las pantallas pero que sigue dando clases de maestría interpretativa. Mención especial para Fernando Velázquez, su característica música encumbra las escenas más matizadas y para Óscar Faura, pues la fotografía es puntual y proporcionada.

En “Los ojos de Julia”, el director ha transformado un débil guion en una película objetiva concreta, aquí radica su finalidad, no es una película perfecta, a veces incluso resulta simple pero constituye un entretenimiento de pánico cinematográfico que dentro de su género es respetable.

Pienso que el toque romántico sobra, me hubiera gustado más  sin el final metafórico.

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