Crítica: Phillip Morris, ¡te quiero!

CartelEn esta nueva crítica quiero avisar de que poca comedia van a encontrar los que vayan al cine esperando reír con la nueva película de Jim Carrey, “Phillip Morris, ¡te quiero¡”, un actor que en muchas ocasiones nos ha llevado a la carcajada pero que, debido a su gran polaridad de registros, sabe bien como realizar un personaje dramático, y lo ha sabido demostrar. El nuevo trabajo, que hace para los directores Glenn Ficarra y John Regua, (ellos también son los autores del guión, en ésta su primera película)  Carrey nos hace admirar una vez más su interpretación. Este estupendo actor encarna con sorprendente acierto a un personaje provocador, trágico, violento, dulce…

No,  no es un hombre convencional, cualquiera puede comprobarlo a la primera mirada, pero no es su forma de vestir lo que le delata, Steven Russell (Jim Carrey) va mejor vestido y más masculino que cualquiera de sus colegas y vecinos, trajes impecables, zapatos cómodos de llevar, corbatas,… no, no es su vestimenta, lo que lo delata, es el modo de llevarla, no está cómodo, no se encuentra a sí mismo, hay algo más, su despreocupación habitual. Steven es un individuo de rostro delgado y triangular, ojos grises de expresión grave, pelo moreno, su boca ancha y sus labios finos, tal vez sean sus ojos generalmente llenos de una alegre burla, que pueden cambiar en segundos y pasar de la sonrisa a la sorna. Toda su vida giraba en torno a la cobardía. Era muy pequeño cuando su madre lo abandonó. A su madre adoptiva no la apreciaba nada. Superó todas las trabas, y ya mayor se casó, después, fue padre, siempre procuró llevar una vida saludable, trabajó de policía con toda la dedicación necesaria. Ahora tras un accidente de tráfico, algo le hace ver que tiene que hablar, que tiene que decir la verdad escondida tanto tiempo, que tiene que salir del armario, que ser homosexual no es un delito. Steven va a empezar una vida nueva, quizás menos cómoda  y más arriesgada pero más digna consigo mismo, y quizás también, el amor, el verdadero amor, un amor sin falsedad llegue a su vapuleada vida.

Desde donde la miremos, “Phillip Morris, ¡ te quiero¡” es un drama, historia bien contada, basada en la realidad, relato de personas que esconden una parte muy importante de su yo por culpa de su tendencia sexual. Esta película por momentos nos hace recordar a Tom Hanks y a Antonio Banderas en “Filadelfia” y, en algunas escenas también se recuerda el “Beso de la mujer araña”, en todas ellas los personajes tienen que luchar duro por sacar adelante esta casi prohibida parte de su vida.

Uno de los aspectos a reseñar es su banda sonora, con temas pegadizos y sentimentales que hacen que el dramatismo de la narración llegue al espectador con más  fuerza. La música la pone Nick Urata.

La fotografía excelente, del director de fotografía Xavier Pérez Grobet.

Esta historia trágica, es entretenida, a veces inquietante, con alguna escena un poco fuerte y algún toque de mal gusto, pero en su mayoría llena de ternura, inocencia, desesperación.

El reparto bien elegido, Jim Carrey, fenomenal, Ewan McGregor, con un papel bonito, -este hombre siempre borda lo que hace-, Leslie Mann, Rodrigo Santoro, Nicolas Alexander y Michael Beasley, todos aceptables.

Película que de nuevo pone en tela de juicio el sistema judicial y penal americano.

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