Cinco minutos de gloria

Oliver Hirschbiegel consigue una obra sencilla y madura basada en hechos reales, con una narración serena y algunos momentos de intensidad emocional, ataviados  con escenas de esperanza. Nos habla de la dolorosa postura humana que busca, en un suceso siempre traumático, alguna luz, cualquiera que sea la posición al respecto.

La trama se despliega en Lurgan, Irlanda del Norte, en el año 1975, el IRA y las fuerzas de voluntarios del Ulster están desarrollando una guerra civil, todos quieren ser protagonistas de fechorías terribles. James Griffin es un joven católico que nada tiene que ver en esto, vive feliz en su casa, pero un día un grupo de jóvenes afiliados a FVU se presenta en su puerta en un coche robado, del que sale Alistair un chico de dieciséis años, desde la ventana y en presencia de su hermano le pega a James tres tiros en la cabeza.  James muere, Joe tiene once años y no ha podido parar la muerte de su hermano, toda su vida llevará esa imagen, y los reproches de su madre que lo culpará siempre. Han pasado treinta años, parece que la paz se ha establecido en Irlanda del Norte, Alistair ha terminado de cumplir su condena y vuelve para encontrarse con Joe en una cadena de televisión en un programa dedicado a la reinserción. Joe no sabe la reacción que tendrá cuando  el asesino de su hermano esté frente a él.

La película a través de una sosegada narración, que alterna pasado y presente, va desplegando distintas escenas de cómo acontecieron los hechos que derivaron en el homicidio, dándonos un perfil superficial de cada uno de los personajes que participan en su proceso, con una mirada más tolerante de lo habitual.

En el trabajo de Hirschbiegel se inscribe el pensamiento humano considerándolo como una reflexión, de forma aguda hace pasar el tiempo y entre fotograma y fotograma, aprovecha para demostrar como hacen cambiar los años la historia, bajo la óptica manoseada del hombre y bajo la marea inconsistente del propio devenir.

Presenta a Alistair sólo como un ser humano, con sus virtudes y sus defectos.

Su capacidad para establecer  nexos convincentes entre lo ocurrido hace años y lo que ahora nos trata.  Es un juego con una baza arriesgada, pues al querer sacar sólo la parte psicológica de los personajes se echa en falta algo de intensidad ideológica, pero a Oliver Hirschbiegel el paisaje político le importa poco, lo utiliza porque necesita un marco. Lo que realmente se trabaja aquí es el hombre como tal, su capacidad de perdón, de auto aceptación y de regalar sentimientos positivos, el ojo por ojo nos dejaría un mundo de ciegos, éste es su mensaje.

Las interpretaciones, solventes, lo mismo Liam Neeson (Crónica de un engaño, Chloe, Los próximos tres díasSin identidad) que James Nesbitt, este último un poco sobreactuado, pero eso le da más veracidad a esa parte de la interpretación.

Para terminar debo decir que por más que la película sea convincente desde el propósito, no se nos introduce lo suficiente en la relación política que desencadena el conflicto principal, por lo tanto es difícil para el espectador acercase emocionalmente a cualquiera de los personajes.

A mí de este director me gustó mucho “El Experimento”, bueno, ésta que os comento está bien. Yo exijo un poco más. Espero vuestra opinión.

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