Toda la culpa es de mi madre

Después de mi  feliz estancia de Nochebuena y Navidad en Valladolid, volvemos a los comentarios (antes, mi reconocimiento a mis anfitriones, Soraya, Antonio y Lara). La película de hoy es francesa, de Cecile Telermam, que dirige su segundo largo y como en el primero,  “Por qué las mujeres siempre queremos más”, las féminas tienen un papel primordial. Esta directora tiene poca trayectoria cinematográfica, siempre ha ejercido su carrera de abogada, hasta el año 2004 que incurrió en el mundo del celuloide, y según mi criterio muy acertadamente.

“Toda la culpa es de mi madre”, es la historia de Mady Celliers (Charlotte Rampling, Nunca me abandones), que, a sus 60 años, es la matriarca de una familia llena de problemas  mentiras y secretos. Su marido exdirector general de su propia empresa, ha cambiado radicalmente desde su jubilación hacia una regresión que Mady no comprende, y su hijo mayor es un empresario con mala suerte en los  negocios. La situación de esta  mujer se completa con sus dos hijas, a las que critica continuamente: Alice, una pintora de “madonnas” tristes y Annabelle, una enfermera que lee el futuro con mucho acierto. Cuando Alice debido a un problema, es detenida, conoce, a Jacques, un policía, casado pero no felizmente, entre ellos surge “algo,”…. y a partir de ahí el engranaje familiar cambiará para siempre.

La directora disecciona las relaciones entre padres e hijos y el peso de los secretos familiares. Esta historia ha sido escrita entre la propia directora y su colaborador, Jerome Soubeyrand, como una historia melodramática en torno a varias personas que sufren por no ser como realmente desean ser. Cada uno de los miembros de la familia Celliers tiene una psicología totalmente distinta, indefinida o contradictoria, pero sirve como engranaje de un mecanismo que salta en pedazos con la incursión de una nueva e inesperada incorporación,  Jacques.

En el elenco, bastante serio, encontramos a actores de gran talla, dando vida a personajes muy creíbles, dentro de este film enfocado hábilmente para resaltar la maternidad, que es el concepto en el cual está basada la película (que no la familia).

La película, ya de entrada, empieza con el Ave María de Schubert., y su recorrido está lleno de verosimilitud en la narrativa. El guión es algo previsible, pero siempre creíble, (agarrándonos a las casualidades extremas  que muchas veces se dan) con alternativas que importan dentro de su grado de autenticidad.

La música muy  delicada, custodia a las imágenes, con sonoridades gratificantes, en un bonito arreglo musical, que da savia a la exposición, y aviva más  su carga de realismo. Muy atrayente aunque no pretende nada más que ser un pasatiempo, y además es fiel a la cotidianidad de la vida.

Muy adecuada para una tarde de cine, en un día lluvioso de finales de mes y de año

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