Crítica: Manchester frente al mar

manchester-frente-al-marDirigida por Kenneth Lonergan, un cineasta americano de ascendencia irlandesa procedente del mundo del teatro, que debutó en el año 2000 como director y guionista en la aclamada “Puedes contar conmigo”, llega en esta ocasión una película con una realización atractiva y una  narración sencilla. Una película con peso y presencia para reflexionar. Crítica de la película “Manchester frente al mar”.

Lee Chandler (Casey Affleck) es un hombre joven, de unos cuarenta años, bastante solitario. Trabaja como encargado de mantenimiento de cuatro edificios en Boston. Más o menos va cubriendo sus necesidades, aunque con todos los clientes se abstiene de mostrar empatía o cordialidad, cosa que le da muchos problemas de convivencia. Un día en el que está cansado de aguantar a las vecinas de la comunidad, recibe la noticia de que tiene que regresar a su pequeño pueblo natal, su hermano Joe (Kyle Chandler) ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino de 16 años, Young Patrick (Lucas Hedges) del que tendrá que hacerse cargo pues su hermano lo designó tutor del chico. En ese pueblo, con ese paisaje, esos barcos y esas gentes, Lee se ve obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la comunidad en la que nació y creció. Despertará súbitamente a sus recuerdos…

“Manchester frente al mar” es un dramático proceso de  destrucción personal. Una  realidad conflictiva que con el tiempo pudiera haber tenido la fabulosa ilusión de haber sido dominada,  pero se yergue profunda e inescrutable ante un Lee Chandler cada vez más frágil. Los recuerdos que le atormentan simbolizan la batalla fatal que cree ha perdido.

Es posible que en los primeros veinte minutos del metraje nos preguntemos cuándo se nos va a esclarecer el misterio del protagonista de “Manchester frente al mar”, hasta ese momento Lee Chandler no es más que un accidente, una sombra que cruza el plano, un paseante con una triste historia presa en sus culpas. Porque Kenneth Lonergan estructura su nueva película elaborando un drama de carácter psicológico y construyendo el interesante retrato de un hombre solo que vive al límite de sus fuerzas, el director aborda la historia como material en bruto que separa capa a capa en un tira y afloja de pieles y corazones de melancólica tristeza.  Kenneth Lonergan rebusca en los desordenes sentimentales encuentros y desencuentros,  en coherencia con lo establecido desde el guion, dando a cada secuencia un objetivo de metas para los personajes.

imagen-de-manchester-frente-al-marEl guion, escrito por el propio director, es hermoso, conmovedor y se hace muy elegante el tejido de la tensión que lo lleva; la narrativa familiar, los episodios de  cada uno, incluso tiene el ingenio de que las figuras ocultas formen parte de un ceremonial para el espectador y un flagelo para el personaje principal en una sucesión de flashbacks, alguno magníficamente trenzado por el compositor canadiense Lesley Barber con la deliciosa música;  más tarde, el Adagio de Albinoni, es la cumbre del genuino deslizar en esta narración. En la fotografía la estética de  Jody Lee Lipes, muestra belleza y rigor visual.

La actuación de Casey Affleck es de nuevo profunda y remarcable, brillante y natural, una interpretación convincente y conmovedora, magnífico. Michelle Williams merece aplausos, aunque tiene apariciones muy breves hace un personaje sobresaliente. El joven Lucas Hedges también logra erizar nuestra piel en algún momento de la obra. En el resto del reparto: Tate Donovan, Erica McDermott, Matthew Broderick, Gretchen Mol, Kara Hayward, Susan Pourfar, Christian J. Mallen, Frankie Imbergamo, Shawn Fitzgibbon, Richard Donelly, Mark Burzenski, Mary Mallen y Ben O’Brien, realizan personajes muy bien dibujados que en conjunto te mantienen en el núcleo de la historia.

“Manchester frente al mar” es una buena película perfectamente equilibrada.

Véanla.

Crítica: La llegada

la-llegadaDel director de cine Denis Villeneuve, con guion adaptado de Eric Heisserer según el cuento de ciencia ficción de Ted Chiang “La historia de tu vida”, uno de los cuentos del libro del mismo título que contiene ocho historias. Denis Villeneuve y Eric Heisserer manejan la historia en el cine con la energía de la experiencia. Crítica de la película “La llegada”.

La profesora de Lingüística Louise Banks (Amy Adams) mientras se encuentra en una de sus clases se entera de que un conjunto de naves extraterrestres ha desembarcado en distintos puntos de la Tierra. Cuando las naves están localizadas y el temor comienza a tomar cuerpo, los altos mandos militares piden ayuda a Louise para intentar averiguar si los alienígenas vienen en son de paz o suponen una amenaza. La mujer pronto llega a la base militar, donde está ubicada una enorme nave vertical de forma ovalada, donde la esperan el científico Ian Donnell  (Jeremy Renner) y el coronel Weber (Forest Whitaker), desde ese momento todo es intrigante. Poco a poco la mujer intentará aprender a comunicarse con los originales invasores, poseedores de un propio  lenguaje…

“La llegada” no es una simple película de extraterrestres de uno de los directores más prolíficos en la actualidad. Es una obra de creación que suma a su contenido la máxima expresión de un cineasta muy polifacético, -recordamos títulos tan variados como “Incendies”, de 2010, “Enemy”, en 2013, “Prisioneros”, de 2013, y “Sicario”, de 2015. Con “La llegada”, Denis Villeneuve marca una ruptura con la tradición habitual del cine de extraterrestres al abolir toda épica en la acción. Con mirada filosófica, el director nos conduce por laberintos narrativos pulverizando la nostalgia y proporcionando al espectador una inédita experiencia inmersa en un universo que deja de ser un artificio para afirmarse en un eficaz simulacro de sentimiento real.

imagen-de-la-llegada“La llegada” es por igual provocativa y sincera. Abstracta y dulce más allá, donde su atmósfera nos contempla. La textura de la imagen es un regalo para un cinéfilo. Cabría pensar que una película que empieza con una mujer joven y su pequeña hija con problemas de salud, va a ser deprimente y triste. Nada más lejos de la realidad. “La llegada” no es una película que se recree en lo melodramático. Es precisamente la sencillez deslumbrante de la visión lo más importante, lo que la acapara. Es más que original por toda su abstracción estética, la fotografía de Bradford Young expresa más que mil palabras de diálogo, ayudando a las delicias de los más exigentes súbitamente y sin necesidad de mostrar ninguna  escena desagradable, la tensión que acompaña a las imágenes es el único tema que parece acercarse a la inquietud arrulladora y arrolladora, envolviendo la emoción de una narración que se despliega conjugándose en la doctrina del circular movimiento continuo del tiempo.

“La llegada” va desmenuzando sus atribuciones, con gotas de ingenio. Revelando a tientas el drama y mezclándolo con una elaboración tan inteligente que sólo un maestro puede realizar y como una película no puedes ser tan completa sin la música destacamos a Jóhann Jóhannsson, es una delicia cómo envuelve lo opaco, lo trágico, lo alegre, lo brusco, lo fluido y lo bello… La esperanza.

La estrella indiscutible de esta película es Amy Adams como Louise,  impresionando con su actuación a todos cuantos la hemos visto, Jeremy Renner aporta el factor de apoyo para el personaje principal, manteniendo en tensión a un espectador ansioso por saber más sobre el personaje que interpreta. Una elección muy adecuada. Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O’Brien, Tzi Ma, Nathaly Thibault, Pat Kiely, Joe Cobden, Julian Casey, Larry Day, Russell Yuen,Abigail Pniowsky, Philippe Hartmann y Andrew Shaver, perfectos, abordando el problema de frente cara a cara en una serie de situaciones y sentimientos casi reales.

Escondida bajo su canto a la paz, “La llegada” atesora una reflexión sobre nosotros mismos, sobre nuestro presente y sobre cómo vivirlo.

Crítica: Lion

lionEn su debut en el cine el director australiano Garth Davis, con guion del escritor, poeta y guionista también australiano Luke Davies y basándose en la novela de Saroo Brierley “Un largo camino a casa”, saca una obra perfecta de simiente sensible. Crítica de la película “Lion”.

El pequeño Saroo Brierley (Sunny Pawar) nació en Khandwa, Madhya Pradesh (India), y  tiene un hermano mayor Guddu (Abhihek Bharate) y una hermana pequeña Shekila (Khushi Solanki). Su padre les abandonó y su madre, Kamla (Priyanka Bose), intenta sacarlos adelante trabajando con las piedras en una cantera todos los días de la semana pero su sueldo mísero no cubre las necesidades. Guddu, con diez años, trabaja barriendo los vagones de tren, además de otras cosillas que le salen. Saroo, con solo cinco años, desea ayudar a su hermano y siempre quiere ir con él a trabajar. Un día le acompaña a la estación. Mientras Guddu barre los vagones, Saroo que nada puede hacer, le espera en un banco del andén. Cansado de esperar se sube a un tren buscando a su hermano, con la mala suerte de que el tren se pone en marcha… y a partir de ahí, Saroo vivirá como atrapado en una trampa, cada movimiento del niño tropezará con las fuerzas que le rodean dispuestas lesionarle. Con la injusticia, con el beneficio de los otros, con el maltrato en todas sus formas… y ya no cuento más…

Basada en una historia real, bien planificada y distribuida en cada fotograma, “Lion” constituye, entre otras muchas cosas, un espectáculo de sensibilidades, en el que pesan la valentía del director para mostrar la tragedia y el amor, y la valentía de sus protagonistas para modelar magníficamente cada personaje. Una película en la que los buenos son muy valientes, no creen nada más que en su dignidad y no retroceden jamás, y los malos  saben ocultarse detrás de la historia de manera que solo los adivinamos, pero no queda duda de que son muy malos.

imagen-de-lionEs “Lion” una película dulce a la vez que violenta desde el punto de vista de quien la admiró con la lágrima puesta de principio a final. Un drama, una pasaje casi teatral de definición precisa que llega a erizar la piel aún en los claros remansos narrativos.

Garth Davis toca con delicadeza y tino el tema del abandono infantil, la identidad y la adopción, poniendo esmero en cada frase y en cada plano, preciosos los planos generales, perfila los ingredientes melancólicos con la banda sonora de Volker Bertelmann y Dustin O’Halloran, filma la vida del protagonista con sencillez y seriedad totales, rebosante de una profunda belleza, en una película que pudiéramos decir está dividida de dos partes. Con la misma honestidad, la cámara sigue siendo rigurosa y se recrea a fondo, tejiendo hermosura con la fotografía de Greig Fraser y mitigando el drama con magníficas imágenes de la India y con la lindeza de Australia; sin querer simular otra cosa que lo que lleva el corazón de la imagen: personas, fragmentos de vida que se confunden con el entorno, la vida y su ausencia cuando para sobrevivir hay que superar lo invisible. No hay nada más que verdad, no hay nada más de lo que aquí se cuenta. No hay más que el sonido del agua en Australia, la rojiza tierra de la India y un hombre Saroo Brierley (Dev Patel) buscando sus raíces.

Actores y actrices con trabajos más que interesantes, que nos hacen vivir intensamente el tiempo que se describe. Destaco al jovencito Sunny Pawar. Y a Dev Patel, maravilloso, mostrando con su personaje todo el argumento conceptual de la película. Nicole Kidman tiene una interpretación muy elegante, me encanta. El resto del reparto,  Abhihek Bharate, David Wenham, Nawazuddin Siddiqui, Tannishtha Chatterjee, Deepti Naval, Priyanka Bose, Khushi Solanki y Divian Ladwa se marcan personajes secundarios con momentos desgarradores.

Cuando un niño está solo, qué grande es el mundo…

Felicidades por este trabajo bien hecho.

 

Inma Cuesta

inma-cuestaInma Cuesta es una actriz española que nació en Valencia el 25 de junio de 1980.

Ficha en Imdb: http://www.imdb.com/name/nm2285844/

Sus películas en Comentamos Cine:

Crítica: Julieta (2016)

Crítica: La novia (2015)

Crítica: Blancanieves (2012)

Crítica: Grupo 7 (2012)

Crítica: La voz dormida (2011)

Crítica: Primos (2011)

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