Crítica: Cuando los ángeles duermen

“Cuando los ángeles duermen”, con guion y dirección del cineasta sevillano Gonzalo Bendala, nos coloca ante un micro universo familiar tan surrealista en sí mismo que solo puede ser real. Personajes que tocan la muerte, que rastrean la muerte sintiéndose al borde la locura. Deseo de escapar, miedo y soledad, transitarán con persistencia, como persona o como incógnita trazando el lado del secreto del universo que es “Cuando los ángeles duermen”.

Una película en la que Germán ( Julián Villagrán) aparece en el primer fotograma de entre la noche y la maleza al borde de una carretera desierta. Unas horas antes, su esposa Sandra (Marián Álvarez ) le llamaba al trabajo para decirle que ya estaba tardando y debían celebrar el cumpleaños de su hija, él le dice que no se preocupe que no está en camino. Sale de la Mutua, que es donde trabaja con un coche de la empresa, ya que ha perdido el avión y no tiene otro modo. La carretera está sola y Germán cansado. Conducir de noche además es monótono, puede ocurrir cualquier cosa. Y ocurre. A partir de ese momento, Germán tendrá que superar la gran prueba que el destino le tiene preparada…

Otra vez, de forma consciente, queda evidenciado que el cine de intriga se puede convertir en cine de terror. En “Cuando los ángeles duermen”, los miedos y temores se corresponden con los miedos y terrores que en la vida real nos paralizan. Gonzalo Bendala toca abiertamente uno de los temas clásicos del terror y lo asocia de forma clara a los prejuicios del mundo en que vivimos. El universo temor que tiñe su aliento durante el recorrido queda perfectamente expuesto como respuesta existencial del hombre ante la normalidad aberrante que le rodea.

Sobre los misterios y sorpresas que aquí se han construido hay una violencia y un derramamiento de sentimientos que van cobrando intensidad hasta desembocar en un desenlace carmesí tremendamente duro.

El director en una entrevista a Sensacine decía: “Es cierto, el filme es algo peliagudo, pero sobre todo por el desenlace, pero creo que ese final es lo que me motivaba a contar esta historia. Si “Cuando los ángeles duermen” hubiera tenido otro final, nada hubiera tenido sentido. El desarrollo de la historia va encaminado a que el público se plantee dudas y dilemas. Y creo que las preguntas que se puede hacer el público y sobre todo las posibles respuestas que aparezcan pueden ser terroríficas. Y ahí está el dilema: ¿qué harías tú?, ¿qué solución buscarías?”.

El trabajo actoral es impecable, Julián Villagrán hace de la desesperación su mejor interpretación sacando la honradez de sus inmensas cualidades. Ester Expósito tiene un buen principio y un largo camino por recorrer en el que se auguran éxitos. Marián Álvarez, Marisol Membrillo, Adolfo Fernández, Helena Castañeda, Christian Mulas y Ramiro Alonso, forman un buen grupo actoral que refresca la tensión de un episodio en el que su director y creador provoca más allá de las convenciones aceptadas. La fotografía de Sergi Gallardo, tenue y amenazante, le da un todo extraordinario a la obra. Excelente la música de Pablo Cervantes.

El cine es una parte inseparable de la vida y en esta ocasión, entre otras cosas, nos recuerda la época en la que estamos inmersos llevando el argumento a su máxima expresión, donde la posibilidad humana fracasa tanto por la situación como por las debilidades del personaje principal.

Duele mucho su película, señor director, toca demasiado el lado del alma que sufre.

Un buen trabajo, Gonzalo Bendala.

 

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Crítica: Alpha

Ocho años después de “El Libro de Eli”, hemos disfrutado de la dirección de Albert Hughes en una película familiar, en la cual el gesto, la fascinación de la imaginada historia, el amor y la lucha animan a mayores y pequeños con vocación de cine de aventuras. “Alpha” es una historia de supervivencia ambientada en Europa hace 20.000 años, durante la última glaciación.

La película se abre en una cacería, Keda (Kodi Smit-McPhee) es un muchacho que participa en ella con su padre y otros hombres de su tribu, el joven cae herido y todos le dan por muerto. Keda, solo en la nada, despierta del desmayo y aunque no se encuentra fuerte, con mucho esfuerzo aprende a sobrevivir, acompañado de un lobo que se encuentra solo, igual que él. Ambos confían en el otro y se convierten en aliados superando innumerables peligros.

Albert Hughes, en esta ocasión sin su hermano Allen, nos narra un cuento de aventuras con una secuencia de acción al comienzo de la película, después vendrán muchas otras, más o menos peligrosas, más o menos fieles a la historia donde se pretende situar el tema, pero ni que decir tiene que el director americano ya conoce cómo funciona la industria del celuloide. Puede que no todo lo que muestra esté a la altura de las circunstancias pero en lo que sí estamos  de acuerdo es en que no somos engañados sobre los misterios y las carencias de la película en cuanto a su autenticidad sobre el Paleolítico. Es, como he dicho, un cuento de aventuras, un cuento bien contado, una muestra donde la savia y la ficción se confunden y se funden. Una fábula atractiva cuyo ritmo pausado aumenta la sensación placentera del espectador, evoca el desesperado y frio mundo de la soledad, sofistica la relación del humano con los animales y regala la esperanza de un futuro por vivir, mientras los intensos y bellos minutos transcurren entre nosotros. Albert Hughes juega, con ingenio, a evocar un mundo que desconocemos y lo hace acudiendo a todos los recursos que a su alcance tiene. El resultado final funciona: es la asociación de la amistad, la soledad, el amor y la necesidad.

Además, el espectáculo visual y la caligrafía épica para centrar el ritmo en imágenes y guion está logradísimo. Tiene “Alpha” cuadros construidos sobre una auténtica celeridad, la perfección del ordenado desorden de su origen los funde materializando inequívocamente el resultado total de la película. Hughes acaba por aplicar las técnicas digitales como vehículo que explora el lenguaje cinematográfico.

Creo que no es la mejor película de aventuras que he podido ver pero es la primera que he visto en septiembre y me parece un buen punto para terminar el periodo veraniego y encarar con ganas todas las buenas películas que nos traerán los meses próximos.

El guion es de Dan Wiedenhaupt, basado en la historia que ideó Albert Hughes. La música corre a cargo del estadounidense compositor de música ambiental Michael Stearns y Joseph S. DeBeasi, compositor de bandas sonoras. En la fotografía, el director austriaco Martin Gschlacht.

En el reparto tengo que destacar a Kodi Smit-McPhee, básicamente él es el alma de la película mientras que su actuación está envuelta en brumas de escenas maravillosas. El resto de actrices y actores: Leonor Varela, Natassia Malthe, Mercedes de la Zerda, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Marcin Kowalczyk, Priya Rajaratnam, Jens Hultén, Spencer Bogaert y Nestor de la Zerda, componen una pequeña cadena de aciertos.

Una buena forma de comenzar. Véanla.

Nueve años comentando cine

De la biografía de Ingmar Bergmam recojo esta frase con la que me identifico: “Cine como sueño, cine como música. Ninguna forma de arte va más allá de la consciencia ordinaria como el cine, directo a nuestras emociones, profundo en el cuarto crepuscular del alma. Un pequeño movimiento en nuestro nervio óptico, un efecto de shock, cuadro por cuadro. Aún tengo esa mareadora sensación de magia de la infancia”.

Ese aleteo, esa caricia dulce es la que siento yo; y este vínculo que de lejos viene, sigue aquí, entre música y sueños en imagen. Con sus miedos y sus risas. Sus temores, intrigas, lágrimas y amores. Me paso la vida cambiando de género, de autores, de actores, midiendo, analizando, reflexionando y sin saber si aún tengo edad y experiencia para una aventura semejante. Es muy distinto sentir el llanto a llenarte de risas. Coleccionar acciones, amontonar dramas, acumular aventuras y fantasía, agrupar catástrofes y western. Colocar en horizontal todas aquellas películas que te llegaron al alma por un detalle o por otro. Esto último es lo que vengo haciendo nueve años ya y estoy feliz por ello.

Esta ventana cumple otro año en los márgenes del mundo de la ficción. Los encuentros siguen.

Abrazos para todos de Pilar, una exploradora entre historias de pantalla.

Sigan disfrutando de las vacaciones, en septiembre más.

Pilar

Crítica: Mamma Mia. Una y otra vez

Con dirección y guion del famoso cineasta inglés Ol Parker, llegó en julio de 2018 “Mamma Mia: Una y otra vez”, secuela de la película musical de 2008, “Mamma Mia”.

“Mamma Mia: Una y otra vez” nos lleva de viaje al verano que comenzó todo.

Sophie (Amanda Seyfried), hija de Donna (Meryl Streep), inaugura un hotel en honor a su recuerdo. Ella ha crecido en esta isla griega, que le entrega en este momento tan importante de su vida todos los recuerdos de lo que vivió junto a su madre. Desde las cosas más lejanas que solo conoce gracias a referencias hasta su vida en el presente serán las conductoras de la historia. Además, y destacando los hechos acaecidos en el maravilloso verano en el que inició su vida al calor los grandes amores de su madre, sus tres posibles padres.

Cuando quieres ver una película que aporte más color a tu verano recurres a la música que es eternamente cine, en esta película de hoy nada tengo que decir sobre la disciplina del séptimo arte. No fui a la sala a ver una obra maestra. “Mamma Mia: Una y otra vez”, en cambio tiene un ritmo especialmente brillante, tiene alegría, diversión, energía y una forma convincente de resolver el guion dando lo mismo pero con distinta forma, otras canciones de ABBA y las mismas canciones de ABBA con algún icono del pop, acaban imponiéndose, y mi deseo cumplido.

Aunque el tiempo pasa, hay sentimientos que permanecen en el apartado de los que se guardan. Para los amantes del cine y la música hay que reconocer todo el brillo que nos llegó desde el famoso musical “Mamma Mia”, ante todo el contagioso placer de su júbilo. Un buen puñado de actores y actrices haciéndonos disfrutar de lo lindo con sus fantasiosos personajes. Cuando, en la secuela, Amanda Seyfried aparece más bella, más romántica, más actriz, más protagonista, da la impresión que su creador Ol Parker sabía lo que se hacía con este nuevo trabajo. “Mamma Mia: Una y otra vez” reformula la línea final con un espectáculo de colores griegos, de renuncias y encuentros que solo pretende la vocación del recreo para el espectador. La intervención de los personajes conocidos es de lo más reseñable de un conjunto que parece diseñado para lamentarse lo mínimo y sonreír lo máximo, con lo que ya conocíamos y con las nuevas aportaciones.

Nada más falta para la juerga que la maravillosa imagen del conocido y reconocido director de fotografía Robert Yeoman aporta. En cuanto al reparto, de Amanda Seyfried ya he comentado varias cosas totalmente ciertas y del resto de intérpretes diré que me encantó el reencuentro con algunos y conocer a los nuevos, entre otros: Lily James, Christine Baranski, Julie Walters, Pierce Brosnan, Colin Firth, Stellan Skarsgard, Dominic Cooper, Andy García, Cher, Meryl Streep, Jeremy Irvine, Alexa Davies, Jessica Keenan Wynn, Josh Dylan, Hugh Skinner, Togo Igawa, Naoko Mori y Omid Djalili.

Del visionado de esta película se sale con la sonrisa puesta y eso en verano, después de un refresco mediano y unas palomitas, sienta de perlas.

Véanla, es verano…

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