Crítica: Ricki

RickiBrook Busey-Maurio, -de seudónimo Diablo Cody-, es una escritora, productora, guionista y directora de cine americana, ganadora de un Oscar al mejor guion por “Juno” 2007 . Una cineasta bastante incomprendida fuera de los Estados Unidos, quizá por su provocadora forma o quizás porque al trabajar incite aires de rechazo en sus planteamientos políticos, lo cierto es que tiene casi medio mundo en su contra y algo más a su favor. Yo tengo que reconocer que soy fan de todo lo que hace, a pesar de su “incierta eficacia cinematográfica”, según apuntan algunos. En esta ocasión el guion es de ella pero lo dirige Jonathan Demme, cineasta que recordamos por triunfantes películas, entre otras “El silencio de los corderos” y “Philadelphia”. Critica de la película “Ricki”.

En la película “Ricki”, la camaleónica Meryl Streep, es la protagonista y su hija Grace Gummer es su hija también en la ficción. A Grace la recordamos de muy lejos y pequeñísima en la inolvidable película “La casa de los espíritus” , dirigida por Bille August basada en la estupenda novela de la escritora chilena, Isabel Allende. Ahora, al cabo del tiempo madre e hija también comparten escenario, en una historia que se muestra así: Ricki es guitarrista de una banda de rock. Lleva toda la vida dedicada a la música. Desde su juventud abrazó el sueño de ser en una estrella en la música, las cosas no le fueron bien y vive lejos de sus hijos, trabajando en un supermercado y creando música en sus ratos libres en un pub nocturno. Tiene una relación sentimental con Greg (Rick Springfield). Su ex marido Pete (Kevin Kline) le pide que viaje hasta Chicago para reanimar a Julie (Grace Gummer), hija de ambos, que se ha divorciado y necesita ayuda. Allí comenzarán a descubrirse los verdaderos problemas de la mujer músico.

Imagen de RickiRealizada con profesionalidad por Demme, esta película ofrece una demostración de cómo dotar al personaje principal de matices, de lograr escenas sobre realidades que casi todos vivimos, de enhebrar actos a través de una historia de profundidad psicológica que resulte verosímil, además de la disección del drama social, retratando vidas que caminan a través de luces o penumbras, de lo asequible y lo complejo; las semejanzas y diferencias que hacen que existamos y seamos tal cual somos.

Para mí esta película ha sido perfecta, sé que habrá quien esté en contra de esta opinión pero me ha resultado amable, divertida, sentimental y agradable y, sobre todas las cosas, un gozo ver a Streep tocando y cantando aparentemente sin interpretar, me parece lo más, y ver a Rick Springfield un lujo indescriptible. Meryl Streep en el papel de mujer aferrada a un ideal y marginada por las estructuras sociales, transmite credibilidad y fuerza y consigue en su tragedia la satisfacción de los asistentes a la proyección y, aunque verdaderamente lo que le hace rozar la perfección en esta película es la magistral interpretación de la oscarizada actriz, los demás actores también dan a su papel tal intensidad que hace que el argumento se empape de verismo provocando empatía con todos los personajes: Kevin Kline, Mamie Gummer, Sebastian Stan, Ben Platt, Charlotte Rae, Doris McCarthy, Josh Tobin, Hailey Gates, Marlon Perrier, Christian Frazier , forman un conjunto actoral sobresaliente. La fotografía es de Declan Quinn.

La dirección de Jonathan Demme y el guion de Diablo Cody han construido un producto lleno de realidad, música en vivo y calidad humana, y han dispuesto una película con escasas pretensiones; un manojo de risas y un buen rato de cine y rock. ¿Podría haber sido mejor? Puede. Para mí, suficiente e inolvidable.

Un año más… y son seis

San SebastiánEn esta relación casi personal con el cine, ha pasado un año más. Un nuevo aniversario. Recuerdo una frase del año pasado en mi cita de aniversario “Volveré a publicar las reseñas de las películas que el cine tenga a bien mostrarnos”, lo hice, apostando por lo mejor aunque fuese insuficiente, fueron muchas películas pero pocas con matices de excelencia.

El cine, ese ídolo venerado, a veces nos cubre de una palidez extrema, sin maquillajes ni ornamentos; otras nos engancha pisando fuerte, secretamente maravilloso. Por eso siempre estaremos ahí, soportando cuando se nublan sus estrellas y disfrutando cuando directores y guionistas empeñan sus medallas y lo entregan todo al arte. Es grato al paladar el sabor que deja una buena película.

Sin juzgar ni victimizar a nadie por el cine recibido en 2015, solo como testigo, confío que en el tiempo que nos espera recuperemos la ilusión y la magia que encierra el séptimo arte.

Seis años dialogando, comentando cine. Un abrazo para todos los que como yo disfrutan sus historias.

Marel

Viggo Mortensen

Viggo MortensenViggo Mortensen (Viggo Peter Mortensen) nació en Nueva York el 20 de octubre de 1958.

Ficha en Imdb: http://www.imdb.com/name/nm0001557/

Sus películas en Comentamos Cine:

Crítica: Lejos de los hombres (2014)

Crítica: Las dos caras de enero (2014)

Crítica: Todos tenemos un plan (2012)

Crítica: La carretera (The road) (2009)

Crítica: Aprendiendo a conducir

Aprendiendo a conducirCombinando de forma inconfundible la soledad con el enfoque determinista de raigambre balsámica que el amor infunde al ánimo y el inevitable estado social que la actual ciudad de Nueva York impone a sus habitantes, la directora de cine Isabel Coixet, con guion de la también cineasta y escritora Sarah Kernochan, se desmarca de sus forma de alta raíz social española y nos regala una nueva mirada que seduce por la riqueza y fluidez en su trabajo. Crítica de la película “Aprendiendo a conducir”.

La película se abre con una discusión en un taxi, a Wendy (Patricia Clarkson), una escritora y crítica literaria que vive en Manhattan, su marido la abandona, ella llora y ruega pero el hombre está decidido a empezar una nueva vida. Wendy, que lo está pasando fatal, decide sacarse el carné de conducir. Para ello toma clases con Darwan (Ben Kingsley), un refugiado político hindú que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela.

Con esta sencilla y gratificante comedia sobre el afán de aprender a conducir, Coixet alcanza satisfacer al público con su último trabajo. La gran virtud del film reside en la habilidad para transformar líneas argumentales básicas en metáfora y reflexión. Esta película presenta una denuncia a través de un fino lienzo iconográfico y psicológico. Diversidad étnica, marginación social, desubicación y reubicación de todo: soledad. No parte de un guion novedoso ni rompedor pero la directora española lo moldea y cuece a su estilo haciendo caminar a los personajes por las difíciles carreteras de la vida, aprendiendo a conducirlas aunque en el recorrido haya que tropezar y frenar de forma brusca de cuando en cuando.

Imagen de Aprendiendo a conducirEn la interpretaciones Patricia Clarkson y Ben Kingsley confieren al film un grado de interés insospechado, Clarkson va haciendo que esa alternancia entre la satisfacción y la frustración  resulte convincente y Kingsley con su buen hacer, sigue dejando una impronta de la que siempre quedamos satisfechos. Con este sobresaliente añadido, y a pesar de su ritmo pausado el efecto final es muy satisfactorio, nos queda la sensación de haber visto una obra notable. El resto del reparto salvando las distancias hacen un trabajo aceptable: Grace Gummer, Sarita Choudhury, Jake Weber,Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger, Michael Mantell; teniendo en cuenta que la substramas quedan conferidas a la apatía y en algún caso a historia por concluir, pongo como ejemplo el personaje de Grace Gummer como hija de Wendy. En la fotografía, Manel Ruiz.

Tranquila y agitada como la vida misma. Marco de una historia que aúna los problemas de las mujeres y los problemas de los hombres, los conflictos derivados de la inmigración, del divorcio y de la vida en una gran ciudad.

Coixet construye un envoltorio que convence, como siempre.

 

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